La realidad demuestra que la demagogia, la hipocresía y la ignorancia no son patrimonio de ningún grupo concreto.

sábado, 17 de marzo de 2012

El viejo Tom King


(...) Y ahora él era viejo también y le enfrentaban con los jóvenes. Como ese tal Sandel. Había venido de Nueva Zelanda, donde gozaba de gran popularidad. Pero como en Australia no le conocían, le enfrentaban al viejo Tom King. Si quedaba en buen lugar le enfrentarían con luchadores mejores y le ofrecerían una bolsa mayor, así que era de esperar que se defendiera lo mejor posible. Tenía mucho que ganar: dinero, fama y futuro. Tom King no era para él más que un viejo baqueteado que le cerraba el paso a la fortuna y a la fama. Un viejo que sólo quería ganar treinta libras para pagar al casero y a los tenderos. Y mientras Tom King pensaba en estas cosas le vino a la memoria la imagen de la juvetud, de la juventud gloriosa, pujante, exultante e invencible, la juventud de músculos ágiles y piel satinada, de corazón y pulmones que no conocían la fatiga, de la juventud que reía del ahorro del esfuerzo. Sí, la juventud era Némesis, la diosa de la venganza. Destruía a los viejos sin darse cuenta de que al hacerlo se destruía a sí misma. Se dilataba las arterias y se aplastaba los nudillos, y con el tiempo era a su vez destruida por la juventud. Porque la juventud era siempre joven; sólo envejecía la vejez. (...)

Por un bistec

Alianza Cien

Jack London

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